Pesimismo, novio de la amargura…

optismoA pesar de los tiempos que corren, dónde todavía hay más sombras que luces, me declaro una fiel seguidora del optimismo, una practicante del positivismo, aunque las voces criticas consideren que estas posturas vitales son fruto de una ingenuidad vergonzosa, de una complicidad imperdonable con el sistema o de un buenismo infantil…Hasta el propio García Márquez decía “cuando yo era feliz e indocumentado”… Me da lo mismo porque creo que el pesimismo es el novio celoso de la amargura, que impide que mires y que veas mucho más allá… mientras la actitud positiva, te permite explorar caminos y buscar la manera de cambiar las cosas… Ser optimista no es negarse a ver la realidad y practicar el autoengaño… es tener la capacidad de analizar y de enfrentarse a los problemas, buscando respuestas y soluciones, donde otros solo ven callejones sin salida. Un optimista se cae y se levanta, un pesimista se acomoda en la derrota…. Quien camina por la vida con ‘buen rollo’, hace fértil el mundo en el que vive porque contagia a los demás con su energía positiva y así, entre todos, es mucho más fácil cambiar lo que hay…

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