Con las botas puestas para recorrer Siete Cañadas

Naturaleza caprichosa

RobaynaDespués de un breve paréntesis vacacional, la tribu Monsecca volvió ayer  a ponerse las botas para inaugurar la nueva temporada con el sendero Siete Cañadas, en el Parque Nacional del Teide, tal y como manda la tradición.

Un “bautizo” que, para unos significaba volver sobre los caminos andados y refrescar la memoria y para otros, como yo, seguir descubriendo, poco a poco, la magia de la naturaleza que nos rodea.

Desde que ingresé en las filas de Monsecca, era la primera vez que abordábamos una ruta a media tarde, porque el espíritu de esta tribu de  montañeros, senderistas y caminantes de Canarias es tempranero.  A las siete de la mañana, nos estamos dando ya los buenos días  y tomando un cortadito en la Plaza del Adelantado.

Sin embargo, en esta nueva vuelta al pateo, la ruta Siete Cañadas finalizó despidiéndonos con un “buenas noches” tras degustar un plato de sopa calentita y una buena parrillada para reponer fuerzas en un conocido restaurante de la zona.

20130913_171720_resizedHabíamos quedado a las dos de la tarde en la Esperanza y, de ahí, partimos en coche hasta El Portillo, donde cogimos una guagua que nos llevó hasta el Parador Nacional del Teide, punto de partida de nuestra ruta.  Allí nos encontrábamos, Paco, Juana, José, Álvaro, Jesús, Robayna y su hijo Jorge, Juan, María, Nieves, Domingo, Julián, Goyo, Youssef, Mary y Rita…. Todos, con nuestras mochilas y bastones, preparados para disfrutar de un trazado largo, pero suave, custodiados siempre, a la izquierda, por las paredes del Circo de Las Cañadas y la silueta del Teide a la derecha.

Una de las muchas cosas buenas que tiene la gente de Monsecca  es que camina para disfrutar… y llega a los sitios cuando quiere llegar, no cuando dicen que hay que llegar. En Monsecca, los tiempos no son apresurados, cada uno acompasa su ritmo al de los demás…empezamos y terminamos juntos.

Esta vez, recorrimos unos 18 kilómetros aproximadamente en unas cinco horas, contando el paréntesis que siempre abrimos para relajar la musculatura, tomar un bocadillo, compartir unos frutos secos y endulzar el resto del camino con algunas de las golosinas que siempre nos ofrece Nieves.

Cuando la naturaleza sale del anonimato…

 

Comenzamos en el Parador Nacional, y siempre bajo la atenta mirada del Teide, fuimos recorriendo, una a una, y paso a paso,  las Siete Cañadas;  la de Diego Hernández, que recibe este nombre en memoria del último pastor de las Cañadas del Teide, la de las Pilas, la de la Angostura, la de la Grieta, la del Montón de Trigo, con la imponente figura de la Montaña de Guajara al fondo…Y en la parte final del recorrido,  la Cañada de La Mareta y la del Capricho.

Esa es otra de las cosas positivas  de  patear  nuestra Isla, es cómo si te fueran presentando oficialmente la naturaleza… Aquí la montaña de Arenas Negras, aquí  Rosalba…. Y yo encantada de conocerla y saludarla…

SIETE CAÑADAS
Sin embargo, con el Teide no se necesita cicerone, porque él  es inconfundible, mires dónde mires, está ahí, imponente y rotundo, ocupándo todo. Ayer, hoy, mañana y  siempre el Teide es un espectáculo. No es de extrañar que sea el paraje volcánico que más visitas recibe del mundo, sólo superado por el monte Fuji, en Japón.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADesde el primer momento, y a lo largo de todo el recorrido de Siete Cañadas, te das cuenta de la fuerza de la naturaleza y de cómo el tiempo siempre va dejando una huella caprichosa. Si te descuidas la imaginación se pone a jugar con el paisaje de relieves y formas increíbles; conos volcánicos, malpaíses, roques, cenizas y retorcidas coladas de lava…Grandes paredes en forma de colosos. Da la sensación de estar vigilados por estas enormes torres de piedra absolutamente secas…

También me llamó la atención los restos de  cabañas de pastores que fuimos viendo por el camino… Uno de mis compañeros, no recuerdo quién, me comentó que antiguamente, cuando llegaba el verano, los cuidadores de ovejas y cabras subían a las cumbres, en busca de pastos y hacían noche en estos asentamientos. Además, la ruta de las Siete Cañadas es una de los 21 senderos de la Red Principal de Senderos del Parque Nacional del Teide.  He leído que era parte del antiguo camino de Chasna utilizado por los guanches para atravesar la Isla y transportar su ganado.

Otro de los atractivos de esta ruta fue que,  a lo largo del todo el paseo, pudimos contemplar cómo la luz jugaba con el paisaje volcánico que se iba  cubriendo de distintas tonalidades y cómo iba cayendo sutilmente la tarde para dejar paso a una nueva y fría noche.

Monsecca y el influjo de la luna

pareja

No pudimos ni quisimos evitarlo.  Nos encontrábamos en la Cañada de la Mareta cuando toda la tribu Monsecca fijó su mirada en el cielo para ver cómo el sol se iba escondiendo tras la imponente silueta del Teide, mientras, en la otra orilla del sendero, la luna también iba pidiendo permiso para coronar los gigantescos bloques de rocas que forman parte de los cordales de Montaña Guajara…

José, Paco, Jesús, Robayna y unos cuantos más enfocamos el zoom de nuestra cámara para captar esa imagen única, mágica… Eché de menos una luna llena, de esas que anuncian la llegada del otoño, bañando con su luz las Siete Cañadas y sirviéndonos de faro para el resto del camino.

De todas formas, el espectáculo es precioso y también sirvió de excusa para que nuestro entrañable amigo Yousef se entretuviera  contándonos la diferencia entre los calendarios lunares, por los que se rigen los musulmanes y los solares, por los que nos regimos los occidentales… mientras Juan y yo admitíamos que, a veces, no sabíamos ni el día en el que estábamos.

Pero, siempre es interesante aprender y descubrir nuestra historia. Hasta ayer, por ejemplo, no sabía que en la Luna existe una cordillera llamada Montes de Tenerife y, la verdad, es que no me extraña porque el Teide, con sus de 3.718 metros,  es el tercer volcán más alto del mundo.

La presencia de nuestro Teide en la luna se debe a que a mediados del siglo XIX un científico alemán llamado Johann Schöter, especialista en estudios lunares, decidió dar el nombre del Teide a una de las montañas descubiertas en la luna que, a diferencia de nuestro volcán, mide unos 2.400 metros de altitud y se extiende en un área de unos 182 kilómetros.

Más allá de los nuevos conocimientos y las anécdotas, creo que igual que los musulmanes tienen la obligación de ir a La Meca al menos una vez en su vida o los hindúes bañarse en las aguas sagradas del río Ganges en la ciudad de Benarés, los canarios no deberían dejar este mundo sin recorrer las Siete Cañadas y coronar la cima del Teide.

Blog de Monsecca  http://monsecca.blogspot.com.es/

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