Aprender a poner un punto y final

puntos suspensivosSi uno fuera un gato y tuviera siete vidas, quizás podría permitirse el lujo de tropezar cien veces con la misma piedra; aferrarse caprichosamente a situaciones que nos hacen infelices o a personas que no son merecedoras de nuestro afecto… Pero como, lamentablemente, solo tenemos una vida, no deberíamos desperdiciar ese tiempo preciosísimo que nos regala el Universo en sufrimientos innecesarios. Hay que vencer miedos y costumbres y aprender a poner un punto y final cuando la cabeza y también el corazón, en sus momentos de lucidez, nos reclame un cambio de rumbo.

Video: Alfredo León/Bukanio

La vida no tiene marcha atrás.
Un trabajo adulto y espiritual con constelaciones renuncia a cualquier modificación de lo que ha sido. 
La conciencia adulta se entrega a la vida tal y como ella es: la madurez.
Aprueba la procedencia tal y como fue.
La infancia y la juventud tal y como fueron, y las deja, con plena aprobación, en el lugar al que pertenecen: el pasado. 
Con ello quedan dignificados en lo que fueron. El niño que una vez fuimos, los padres, los muertos, las personas gravemente afectadas por el destino, se sienten así percibidas y reconocidas tal y como son. 
Pueden entregarse a su propia vida o descansar al fin en paz, y darnos su bendición, la cual nos protege y nos ayuda a vivir.

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