En la piel del otro

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No es fácil ponerse en la piel del otro. Hoy me han dicho “ojalá nunca te veas dónde estoy yo” y esa frase ha sido como un latigazo en la conciencia y en el corazón. ¿Acaso los que formamos parte de la “aristocracia” laboral somos capaces de imaginar la tragedia e impotencia de los millones de personas que están sin trabajo en nuestro país? ¿Podemos hacernos una leve idea de su angustia, el miedo, la desesperación y frustración que sienten…? Quizás, pero uno no puede ser feliz viendo a tanta gente jodida.

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